19-10-28_11-06-Otoño Gallego entre Courel y Ancares

Desde el año 2003, es una suerte que la vida me haya permitido disfrutar, desde finales de octubre a primeros de noviembre de cada año, del ámbito otoñal con que los bosques se decoran de los más ricos y vivos colores, antes de perder sus hojas para afrontar con más garantías de supervivencia el invierno.

Sin salir de España, los lugares en los que con mayor esplendor se disfruta de este periodo otoñales es la franja estrecha del norte que va desde Galicia a Cataluña, principalmente por donde se extienden la Cornisa Cantábrica y los Pirineos. Desde entonces he ido guardando preciosos álbumes de fotos de los lugares donde, con más intensidad y esplendor, se fotografía mejor el otoño.

En esta ocasión, aprovechando que me finalice seis tramos del camino de Santiago, me quedé haciendo tiempo por la zona de los montes de Courel para, una vez llegara mi hijo, hacer un plan de rutas pacientemente diseñadas en verano. El plan salió perfecto como siempre que salgo con él. Siempre le digo “solo contigo me salen los planes tal y como los diseño”. Lo pasamos genial, siempre con nuestro mejor talante positivo.

Esta es la quinta vez que salgo con mi hijo para vivir el otoño. La primera fue en 2012, comenzando en el parque natural de Ordesa y terminando en Irati. En 2014 partimos en Canfranc y terminamos por Zuriza y Riglos como postre. En 2017 comencé solo en Isaba e Irati, después me uní con mi hijo en las faldas de la sierra de San Donato para hacer cuatro rutas inolvidables por la zona y en 2018 nos movimos por el parque de Redes y Picos de Europa. He aquí los sitios por donde fuimos.

19-10-28-Piedrafita-Cebreiro

Aprovechando la subida para hacer el camino de Santiago que va de Sarria a Santiago, me quedé unos días más para disfrutar de los mejores sitios donde el otoño luce con mayor esplendor en Galicia.

Los sitios elegidos se situaban entre los bosques de Courel y los Ancares gallegos donde las usuales quemas gallegas han sido menores y los bosques de hayas, robles, castaños, arces, avellanos, álamos, fresnos, chopos, alisos, etc., lucen en otoño con una densidad multicolor soberbia antes de quedar en su esqueleto invernal.

No son las mismas fotos las que se hacen de naturaleza siguiendo el camino de Santiago, que internarse en senderos que atraviesan los mejores bosques de colorido otoñal. Este año tuve ocasión de comprobar que, para hacer buenas fotos, mejor merodear por un hermoso bosque.

El día 28 de octubre mientras mis compañeros de camino bajaban a Almería, yo tomaba un bus hacia Piedrafita de Cebreiro para hacer tiempo ya que mi hijo subía al día siguiente desde el sur. Nada más llegar sobre medio día, el dueño del alojamiento me dibujo un atractivo y sencillo sendero para hacer por la tarde desde Piedrafita a Cebreiro y que “tan solo se necesitaba una hora para hacerlo” y sobre la seis se hacía “una hermosa misa única pues se hacía en varios idiomas”. Ya venía motivado por los comentarios de los peregrinos de que Cebreiro era un lugar muy especial del camino. Así que cuando escuché a Manuel, enseguida cogí lo necesario y me puse a hacer el camino de Piedrafita a Cebreiro. He aquí el reportaje que hice: 19-10-28-Piedrafita-Cebreiro

19-10-29-Piedrafita-Herrerías

Sintonizamos Manuel, el dueño del hospedaje, y yo, y entre lo mucho que hablamos me contó que un monje alemán llamado Hermann Künig andaba por esos parajes allá por el siglo XV y que para evitar la fuerte subida a Cebreiro y sus usuales nevadas, decidió subir desde Herrerías a Piedrafita, 300m más abajo y seguir desde allí por Nogales hasta Lugo. Este monje publicó en 1495 una guía para peregrinos, con tanto éxito, que fue editada hasta en cinco ocasiones. Me dijo también que el camino que tomó fue una antigua vía romana y, posteriormente, fue Camino Real de Carlos III.

Con tanta enjundia, no dudé un instante en hacer el tramo Piedrafita-Herrerías pues “sería de los primeros que lo andaría”, solo que al revés de como lo hizo el monje alemán. Además, provechaba para quedar con mi hijo que subía del sur ya que tenía reserva de alojamiento en las Herrerías.

Pronto comprendí que para bajar tenía dos opciones, la nueva carretera nacional donde solo de vez en cuando pasaban coches u otra más antigua donde no pasaban coches, salvo para ir a algún pueblecito.

Elegí la segunda opción pues estaba más en contacto con la naturaleza y de paso podría visitar el Castro y Las Llamas, dos minúsculos pueblecitos que sobreviven al vaciado rural con solo media docena de viejecitos.

Para un mejor contacto con la naturaleza tomé la carretera nacional vieja y, aunque la autovía está cerca, la mayor parte del tiempo transcurre por una hermosa y variada frondosidad vegetal ya en todo su esplendor otoñal. Dos viejitas del Castro me hablaron del paso del monje alemán Künig, una de las cuales era la propietaria de la casa donde durmió y que ha sido objeto de multitud de fotos en revistas especializadas.

Un poco antes de llegar a Llamas, se pierde el rastro de la carretera antigua por lo que te obliga a tomar la nueva hasta las Herrerías. Una pena que con poco presupuesto se podría subsanar limpiando el trazado antiguo que corre por un hermoso bosque de galería paralelo al río. Y digo esto para el que me pudiera escuchar. Ya en Llamas otro viejito quería mandarme por la carretera hasta Herrerías pero, tras instruirle para tomar una alternativa más natural, me indicó una nueva opción pero que a larga me llevó a dar una enorme vuelta que pasaba por la Faba y de ahí por el camino francés bajé hasta Herrerías donde, tras tomar posesión de mi habitación, unos minutos después llegara mi hijo del sur.

Todo lo cual dejé grabado en este reportaje: 19-10-29-Piedrafita-Herrerías

19-10-30 Hayedo de Busmayor

Busmayor está cerca de las Herrerías, lugar donde estábamos hospedados. La carretera que los une es estrecha y propia de montaña, pero tiene una belleza otoñal que habría que pasarla a velocidad lenta, incluso parar en algunos lugares. Al llegar al pueblo sorprendió la arquitectura decididamente rural, con mucho uso de la piedra del entorno. Vimos un par de fuentes de agua muy bien diseñadas también con piedra.

El hayedo tiene tres grandes manchas de bosque y el trazado del sendero va buscando esas tres zonas donde las hayas estaban en todo su esplendor otoñal. Fue estimulante el comienzo de ruta pues pasa cerca del río que contiene varias pequeñas cascadas que alegran la ruta. Después se pasa por un conjunto de hayas muy bien desarrolladas adornadas por antiguos muros de separación de linde y cerca la “piedra de los poetas” una hermosa piedra en medio del hayedo que parece tener cierta fama. Para pasar a la segunda mancha de hayas se pasa por un matorral y decorado con los frutos rojos del espino y el color ocre de los helechos en esta estación.

El siguiente bosquejo hace disfrutar del ambiente otoñal y en lo más hondo un riachuelo con poca agua y lleno de las hojas caídas de los árboles colorean el camino. De nuevo, el camino pasa por una zona arbustiva donde predominan los helechos dorados, para así volver a internarnos en una nueva mancha de hayas en medio de muros y acequias, propias de la actividad agrícola y ganadera.

La vuelta se hace por la parte alta de la colina, de tal modo, que se va bajando con el disfrute visual del bosque de hayas que poco antes habíamos atravesado. ámbito. Finalizamos en Busmayor, donde volvemos a disfrutar de sus casas y fuentes, y la vuelta la hacemos bastante más despacio, parándonos en los rincones más bonitos. Casi todo el tiempo nos estuvo lloviendo. Se pueden ver las fotos aquí: 19-10-30 Hayedo de Busmayor

19-10-31 Bosque de Rogueira

Sobre los 1400msm, en las montañas de Courel, se encuentra un bosque lleno de energía, magnífico para ver la exuberancia de los hayedos en otoño.

Para llegar a este lugar desde las Herrerías, hay que ir por carretera de montaña muy estrecha y a una velocidad baja, pero con unos paisajes otoñales magníficos en esta época. Se pasa por esos pueblecitos con todo el sabor de la Galicia rural de antaño, pero ya con pocos habitantes y todos de la tercera edad y aquellos que añoran sus vivencias de jóvenes en el lugar que, con capitales de ciudad, vuelven para reavivar sus antiguas casas. Jóvenes no hay ninguno.

Se inicia la visita pasando por una zona de matorral, para dar paso a unos ejemplares de fuertes robles que se han desarrollado entre los roquedales. Hay que pensar que este sendero se encuentra en la parte alta de las montañas de Courel, muy cerca de las crestas donde entre el roquedal se ha desarrollado la vegetación. Esta situación, es la que imprime la planta magnifica que presenta este bosque. Continuamente se divisa buena parte de los valles de Courel y el paisaje otoñal, visto desde arriba, es muy atractivo.

Los robles dan paso a un bosque de hayas de gran porte con una gama de ocres sin igual que llena plenamente a quién lo observa. Un buen lugar para la fotografía otoñal dada la vivacidad de colores y la posibilidad de jugar con las distancias al valle. Miramos las fotos del lugar: 19-10-31 Bosque de Rogueira

19-11-01-MolinoVerde-Herrerías

Llovía tanto que le pedimos consejo al dueño de La Pandella, sitio donde estábamos alojados. Dijo que lo mejor para ese día era no tomar el coche y hacer un sendero local, el que llaman del Molino Verde. Fue un gran acierto.

Mi hijo y yo nos defendemos muy bien ante la pertinaz lluvia con chubasquero, botas impermeables y paraguas. Esto último es imprescindible para hacer las fotos.

El sendero se inicia en la misma Herrerías subiendo hasta una iglesia antigua y de ahí, por caminos rurales y entre castaños repletos de fruto, subimos a San Julián, un pueblecito cercano también muy abandonado. Encontramos la fuente que había hecho el dueño del alojamiento en anteriores épocas, del que nos contó una historia, que ahora no recuerdo. Aun así, disfrutamos y fotografiamos la fuente con clara vocación rural, con su abrevadero para los animales, su zona inclinada para lavar ropa y dimensionada ricamente con aquella historia.

A partir de ahí, el camino se hace menos rural, pues baja para ir paralelo al río, lo cual le da mayor intimidad a un bosque de galería con gran diversidad de árboles, arce, fresno, roble, álamo, espino blanco, cerezo y, como no, algunas hayas. En todo momento, el piso del camino, lucía cubierto de hojas con todos los colores otoñales, amarillo, rojo, ocre…

Al final de la subida, un precioso molino verde nos recibía con los brazos abiertos y un entorno bien cuidado con sus pequeños cauces y puentes de acabado rural, que creaba cierta congoja interior. Todo verde. Un poco más arriba estaba el pueblito de Outeiro donde su único habitante nos permitió resguardarnos de la lluvia y tomarnos unas nueces.

La vuelta la hicimos por la ladera opuesta. Primero una intensa cuesta empinada nos encaramó en todo lo alto de la creta. Después, mientras íbamos bajando, mirando para la ladera opuesta, disfrutamos del bosque encantado por cuyas entrañas habíamos subido. Ya en Lindoso, conocimos a una persona mayor que volvía con un cubo lleno de castañas, nos enteramos que tras años de trabajar en la docencia en la Universidad, una vez jubilado, su añoranza del pueblo le hizo volver.

Mientras hablábamos arreció la lluvia y nos aconsejó el mejor camino para volver más rápido a las Herrería. Mi hijo bajó rápido, pero a mí me dio por silbar bajo la lluvia y no paré de comer castañas como si nada pasara y así fue como llegué al alojamiento casi una hora después. Qué pena que los suelos estén llenos de castañas que nadie coge, salvo algunas personas mayores. Maldita sociedad capitalista. Aquí las fotos del día: 19-11-01-MolinoVerde-Herrerías

19-11-02-Medulas-Peñalva-Ponferrada

Al ser del sur y al no parar de llover, estábamos francamente asustados, pero ya en un sitio tan lindo del norte teníamos que aprovechar el día. Se me ocurrió ir a las Médulas, un sitio que conocía, pero mi hijo no. Además, pensé que, con tanta lluvia, era mejor ir a las Médulas para usar las cuevas como resguardo y porque una vez allí, podría enseñarle otros sitios bonitos de cuando fui en el año 2002.

Las Medulas no nos decepcionó y más aún en otoño, donde una buena de cantidad de castaños estaban bonitos de ver. La gente del lugar está enfadada porque los turistas, que son muchos, les quita sus castañas. Siempre se dan roces de unos con los otros.

Precioso ver todo el complejo romano desde lo más alto, en lugares habilitados para tal fin. Vimos de cerca los grandes socavones que el método de extracción romano usó para hacerse con el oro que cobijaba las montañas Carteles colocados aquí y allá, nos daban oportunas explicaciones sobre dicha la técnica y el porqué de esas grandes cuevas.

Después nos desplazamos a Peñalba mientras le explicaba a mi hijo que es lo que hice allí. Estuve en un alojamiento rural precioso, pues mantenía su estructura rural original y cada día visité cada uno de los dos valles que hay frente al pueblo y más arriba están los Montes Aquilianos. El valle del Silencio, en que está ubicado a la derecha del pueblo es el más famoso, no solo por mostrar los espacios naturales más amplios, surcados por el centro por un río sino porque, se ubica al comienzo del valle la cueva de San Genadio. Muy visitada por gente que busca respirar durante un rato la paz del lugar.

Al llegar había unos enormes aparcamientos, que me hizo presagiar, que algo había cambiado respecto a mi anterior visita. En efecto, el pueblo estaba lleno de turistas, había nuevas casas y nuevos establecimientos pensados para turistas, pero aun así las casas que yo ví al otro lado del pueblo si que estaba intacta, lo que supuso una enorme alegría que compartí con mi hijo y le pedí me hiciera una foto que se pareciera lo más posible a la que yo me hice casi 20 años antes. Comparé y en efecto eran semejantes y el lector podrá también comparar aquí: 19-11-02-Medulas-Peñalva-Ponfer

19-11-03 Ruta do Río Pequeño

La ruta del río Pequeño es una hermoso y variado sendero circular que parte de la población de Seoane para volver al mismo sitio. Es una ruta clásica de la región de Courel y es que pasa por zonas de gran valor natural y mucho interés etnográfico, bosques y soutos, ríos y regatos.

Un perro, no se si callejero, nos acompañó durante todo el camino hasta el pueblo de Paderne, el más alto de la ruta, y después se fue con otros turistas. Se puede observar en la cantidad de fotos en el que sale. Con humor, mi hijo dijo que “nos iba a cobrar por los posados” y es que pareciera que así lo hacía a posta. De hecho, tenemos algunas fotos que lo atestiguan.

El camino se hace peculiar y valioso por la cantidad de cabañas adornadas con hiervas y musgo donde antiguamente se guardaba el heno en un espacio capaz de almacenar la cantidad necesaria para todo un año. También eran utilizadas como secaderos de castañas. En algunas con doble piso, abajo reposaban los animales y arriba se colocaba su comida. Su cuidada construcción rural hace que muchas continúen en pie.

El paisaje estaba lleno de bosque de galería, cantidad de castaños, muros rurales de separación y un río cercano que incasable, baja rumoreando, a veces con pequeñas y pintorescas cascadas. Esto hace el ascenso al pueblo de Paderne muy atractivo. El paso entre las casas de tradición gallega, contiene una pequeña y bonita capilla muy peculiar.

A la salida del pueblo le dije a mi hijo “me encantaría encontrar un techo donde nos pudiéramos sentar y así descansar, desayunar y beber agua”. Como si la naturaleza me hubiera oído, llegando al viejo puente que cruza el río Pequeño, a la derecha divisé una construcción rural que, por un estrecho camino de cierta dificultad, llegamos a una especie de cobertizo (ver fotos) con unas características que incluso mejoraban las de mi petición. Pasamos un buen rato a pesar del ámbito frío.

A partir del puente, se inicia una subida que poco a poco va dejando el bosque otoñal para dar paso a un paisaje árido de puna, donde la espesa niebla sólo nos dejaba ver la vegetación baja alrededor del camino, donde predominaba el brezo y helechos. En la otra ladera se veían pueblecitos muy atractivos, a los que alcancé fotografiar con zoom y que podrían ser Miraz y Vilasivil.

Poco a poco, otra vez nos encontramos entre viejos castaños para llegar a Mercurín, un precioso pueblo de los muchos que en Galicia están casi abandonados con unos pocos viejitos como únicos habitantes. La bajada a Seoane está llena de rincones preciosos adornados del color otoñal y un río que no cesa. La versión gráfica de este cuento, aquí se puede ver: 19-11-03 Ruta do Río Pequeño

19-11-04-Castañar de Agüeira

Este día íbamos a visitar el Hayedo de Marronda, a lo largo del río Eo. Una lluvia pertinaz, un lugar que percibimos poco otoñal, mal acostumbrados a la exuberancia del Courel y la distancia del sendero algo larga, hizo que llevando un par de kilómetros, abortáramos este sendero y lo sustituimos por el Castañar de Agueira, un recorrido más corto pero intenso por estar lleno de otoño sus castaños, robles y hayas y muy cerca de As Nogais, pueblo que después queríamos visitar.

El sendero era corto pero muy empinado, por la que la variedad de arboleda estaba garantizada. Aquí se pueden ver las fotos: 19-11-04-Castañar de Agüeira

19-11-05 Sequeiros do Mostad

Convencidos de que el otoño más bonito estaba en Courel, y teniendo oportunidad de elegir, dado que antes del viaje había trabajado arduamente para tener muchas opciones, volvimos a tomar un sendero por la zona de Courel: los Sequeiros de Mostad, una hermosa ruta circular a lo largo del valle del río Lor, saliendo del pueblo de Esperante.

Allí, en la misma entrada del pueblo nos esperaba un cobertizo para poder disfrutar de un desayuno a base de castañas y nueces. Después, iniciamos una subida a través de bosques de castaños, arces, avellanos y robles. El camino es frío y con alto nivel de humedad, pero la arboleda con techo crea un ámbito confortable.

Pronto aparecen los Sequeiros, esas cabañas rurales, de construcción sencillas donde se secaban las castañas. La humedad hace que prolifere a lo largo del camino los líquenes, musgos y setas. El camino de vuelta, más cercano al río, hace que se pueda disfrutar de otra vegetación diferente al castaño que está omnipresente en esta zona.

Ya casi terminando el recorrido, un prado verde horizontal se extiende entre el sendero y el río, lo que nos permitió acercarnos más de cerca para disfrutar un río que baja tranquilo por esa zona. Un recorrido precioso en la parte más baja de los montes de Courel: 19-11-05 Sequeiros do Mostad

A la vuelta a Piedrafita, nos encontramos que el pueblo estaba en fiestas y que los pulpeiros habían llegado para deleitar el paladar, así que nos unimos también a la celebración. Los pulpeiros ocuparon un lugar techado que acondicionaron con toldos y aire acondicionado. Son tan populares que de pronto, una buena cantidad de bancos se fueron llenando con gente de los alrededores. Para mi hijo y para mí fue una vivencia única y peculiar.

El día 06 continuó la lluvia que ya nos tenía cansados siendo del sur, así que nos dio por dar un rico paseo en coche por los pueblecitos, tanto de los Ancares gallegos como leoneses, comenzando por Pintinidoira y terminando finalmente en Lugo, cuya muralla visitamos, dándole la vuelta. Al día siguiente preparamos las maletas para bajar a nuestra tierra almeriense.